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Trato ético a los animales: un deber que tenemos todos

¿Y tú cómo es que tratas a los animales? “Pensar en los animales como seres con una historia y un valor como individuos, es una idea revolucionaria”. Nuestra relación con los animales se resume en un abuso constante que se ejerce de diversas formas y con muchas aristas. Nos olvidamos de algo elemental, racional y

22 Abr, 2019
¿Y tú cómo tratas a los animales?

¿Y tú cómo es que tratas a los animales?

“Pensar en los animales como seres con una historia y un valor como individuos, es una idea revolucionaria”.

Nuestra relación con los animales se resume en un abuso constante que se ejerce de diversas formas y con muchas aristas.

Nos olvidamos de algo elemental, racional y lógico: los animales no son cosas, ni mercancías, son seres que sienten y diversos estudios han demostrado que tienen capacidades que tal vez muchos de nosotros ni siquiera sabíamos.

Los cerdos tienen una inteligencia mayor a la de un niño de tres años de edad, son incluso más inteligentes que los perros y tan leales y cariñosos como ellos.

¿Por qué entonces discriminar a quien posee las mismas cualidades humanas? Tales como el amor, la inteligencia, la empatía y la lealtad.

Hay quien piensa que los derechos de los animales no son una prioridad, cuando no se han atendido los derechos humanos fundamentales.

Yo creo que no son excluyentes y se pueden defender en paralelo, tal como lo manifestaba el estadista Mahatma Gandhi:

“La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por el modo en el que se trata a sus animales.”

Somos como tratamos a los animales.

El maltrato animal solo pone en evidencia a una sociedad decadente y retrógrada, y esa violencia se hace extensiva a todos los sectores de la misma.

La violencia hacia los animales es inadmisible y no manifestarnos en contra de ella nos vuelve cómplices. Los animales tienen derecho a tener calidad de vida, a disfrutar de la libertad y a no vivir supeditados a nuestra crueldad.

No se necesita hacer “drásticos” cambios en nuestra vida. Sencillos hábitos de consumo podrían evitar el sufrimiento de miles de ellos, como evitar o reducir el consumo de carne, lo cual beneficiaría incluso nuestra salud y al medio ambiente.

Podemos evitar también el asistir a espectáculos donde exista explotación animal. 

Buda enseñó: “No es justo hacer sufrir a otro para ser tú feliz. A todo el mundo le gusta vivir lo mismo que a ti.”

Tal vez al reflexionar en los paradigmas que nos han sido culturalmente impuestos, nos percataremos que esta percepción no es inmutable y que podemos extender nuestra ética sin fronteras de especie.

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