Opinión

El Chino Ántrax y el drama de no ser nada sin la parafernalia del narco

El Chino Ántrax, ex jefe de sicarios y exescolta de Ismael «El Mayo» Zambada fue encontrado en una camioneta de lujo en Ayuné, Sinaloa.

17 May, 2020
El drama del Chino Ántrax y no ser nadie en la vida.

Chino Ántrax tenía cuentas pendientes.

El Chino Ántrax se llamaba José Rodrigo Aréchiga Gamboa. El cuerpo del ex jefe de sicarios y exescolta de Ismael «El Mayo» Zambada fue encontrado en una camioneta de lujo en Ayuné, Sinaloa, al igual que su hermana y su cuñado.

Ante autoridades de Estados Unidos, en 2015 aceptó su culpabilidad y se le sentenció a siete años de prisión por los cargos de tráfico de cocaína y marihuana, pero obtuvo libertad condicional y el beneficio de arresto domiciliario.

¿Pudo haber cambiado su vida el Chino Ántrax? ¿Trabajar en una sucursal de Cinnabon como el personaje de Jimmy en Better Call Saul?

Claro que no. Debía regresar a su tierra, comer a gusto, echar trago y escuchar corridos, que le festejaran su regreso.

Escribí antes: La cultura del dogma y el triunfo total de la estupidez.

José Rodrigo comenzó como taquero, pero sintió que era alguien gracias a la parafernalia del narco y a sus andanzas, empuñando armas, siendo parte de la manada con orgullo.

Sin embargo las cuentas siempre se pagan, eso lo sabemos todos.

Una sociedad sin futuro.

El caso del Chino Ántrax es el de miles de jóvenes, hombres y mujeres, cuya vida gira en torno a la influencia de cárteles. Hay alternativas, pero también contextos a los que no se puede escapar.

La pobreza e ignorancia son un campo de cultivo interminable que beneficia a narcos, a la industria de la música grupera, a Morena y a López Obrador, hoy más que nunca.

Saber de ejecuciones aquí o allá es rutina informativa, porque tal o cual grupo «hace limpieza» de malandros o rivales, dejando constancia en una narcomanta escrita como pueden porque la primaria trunca se nota.

¿Cobro de piso? Claro, en todos los rincones. Pymes y micropymes entre la espada y la pared.

Esa dinámica no tiene por qué cambiar, y menos cuando las pocas instituciones sólidas del país peligran no sólo ante la corrupción, sino por la falta de recursos o preparación.

Hoy hasta videos publican mientras reparten despensas en comunidades aquí o allá, con bolsas y cajas rotuladas con las siglas del cártel benefactor. 

Ya no es acusar a personas de ser aliados del narco, es constatar que vivimos en un narcoestado y nada ni nadie puede hacer algo al respecto.

Cualquier vacío de poder se llena, pero la necesidad de ser alguien en la vida cuando eres un don nadie, esa nunca se llena.

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