Opinión

Little Richard, la necesidad de llamar la atención y el rock and roll

Little Richard, el niño de Macon, Georgia, nada más quería llamar la atención. Y vaya que lo logró, pues hizo bailar a muchas generaciones.

9 May, 2020
Descanse en paz Little Richard, el niño de Georgia.

Descanse en paz Little Richard, quien murió a los 87 años.

Little Richard nació un 5 de diciembre de 1932 en Macon, Georgia, Estados Unidos.

Era de origen humilde y, como en la comunidad negra estadounidense, creció con música gospel en la iglesia y la influencia del jazz y el blues.

Pobre y de familia numerosa, quiso destacar entre sus 11 hermanos y por eso mismo empezó a cantar.

Escribí antes: ¿Cuál es la buena música? La adecuada al mercado (Segunda parte).

«Era el más creído de todos y todavía soy el más creído», dijo en una entrevista a la BBC en 1988.

«Cuando empecé a golpear el piano y a gritar y cantar, llamaba la atención».

Y vaya que lo hizo, pues sería un pilar fundamental del rock and roll desde los años 50, inspirando a muchos otros que por sí mismos son leyendas de la música.

Elvis Presley, The Beatles, The Rolling Stones, Jimi Hendrix, Bob Dylan. El legendario concierto de Queen en Wembley incluye un popurri en el que suena “Tutti Frutti”.

«Llevaba a toda la audiencia hasta un completo frenesí», afirmó alguna vez Mick Jagger. «No hay una sola frase que pueda describir el poder que tiene sobre la audiencia».

Con conciertos llenos de energía, gritos y aúllos, se lucía con extravagancia al piano y eso encantaba a todos.

Lo que comenzó como una necesidad de destacar entre sus hermanos lo llevó a plantarse con seguridad y pavonearse.

Y quizás en esa actitud osada yacía la necesidad de proclamarse gay con orgullo, más en tiempos de racismo y segregación de los negros.

Su padre era predicador pero también administraba un club nocturno, mientras su madre era una devota cristiana bautista: contrastes que marcaron en buena medida su manera de ser.

«Mi padre quería siete varones y yo lo eché a perder porque era gay», confesó alguna vez. 

Y dijo que «era» porque en algún momento de su vida, quizás recordando a su santa madre, se comprometió de lleno al cristianismo y dejó su vida licenciosa con drogas, alochol y sodomía.

Tal vez cosa de edad, pero de no ser por su inclinación al pecado, Richard Wayne Penniman no se habría llamado Little Richard ni habría conquistado al mundo como rey del rock and roll.

O reina, como prefería él mismo decir. Y todo porque el pequeño quería llamar la atención.

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