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Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo, o saquen las palancas
Las palancas siempre son útiles y funcionan.
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Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo, o saquen las palancas 

Somos partícipes de las palancas, para bien o para mal.

Es una máquina simple​​ cuya función consiste en transmitir fuerza y desplazamiento y las hay de tres tipos: palancas de primer grado, de segundo grado y de tercer grado. ¡Productos de gran ingenio en la física!

También son un recurso social donde existen favores, privilegios y beneficiarios. Aplica en todas las culturas, aunque la práctica es más que familiar entre los mexicanos.

La asociamos a corrupción, a la facilidad que tenemos para saltarnos procedimientos, violar reglamentos o actuar en beneficio personal, directa o indirectamente, porque tenemos «palancas» con gente de poder e influencia.

Las palancas siempre funcionan, ¿o no?

Si tienes palancas, todo funciona

Somos una sociedad mayoritariamente corrupta porque se puede y porque, depende de lo que se trate, sabemos que no hay castigo o consecuencias ante faltas o delitos. Da igual si es un ciudadano común o si es hermano del presidente.

Tal vez por saturación en la impartición y procuración de justicia o por simple falta de confianza en las autoridades que, oh sorpresa, son emanadas del mismo pueblo devoto de las palancas.

No son los políticos, como si fuesen una especie diferente: somos nosotros, egoístas y cínicos que anteponemos lo personal a lo grupal porque, «de que lloren en mi casa a que lloren en la tuya, mejor que lloren en la tuya».

De ahí la importancia del fortalecimiento a instituciones en todos los ámbitos, con contrapesos, instancias que observen y vigilen de forma puntual. Esa es una verdadera integración, no los hurras y el ondear de las banderas en un encuentro de futbol.

Cambio colectivo gradual

Zedryk Raziel escribió en Animal Político sobre la renuncia de Jaime Cárdenas a la dirección del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (Indep), quien dirigió una carta al presidente donde se lee:

«Encontramos al inicio de nuestra función probables irregularidades administrativas…mutilación de joyas, contratos favorables a empresas y no al Indep y conductas de servidores públicos contrarias a las normas», escribió.

Que, por cierto, el dichoso instituto también «aportó» dos mil millones de pesos la rifa ridícula donde nadie ganó y todos perdieron. Un caso más en los anales de la corrupción.

¿Se podía esperar otra cosa de ese invento de instituto? No. La capacidad ya sabemos que es lo de menos.

Una transformación social demanda preparación, entrenamiento, capacitación y, por ende, inversión en lo público y en lo privado. Y claro que hay casos notables entre tanto fango de mediocridad patriotera, como Querétaro, por ejemplo.

Podrás tener o no palancas, pero para mover al mundo se necesita inteligencia y constancia. 

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