El Asunto

Feminismo desde una perspectiva masculina e ignorante.

Ni aliade ni feministe.

Ni machista ni feminista. Ni aliade ni amigue ni nada.

2 Ene, 2021

El feminismo es cosa de mujeres, ¿por qué tendría qué opinar?

Primero unos antecedentes: No sé nada acerca del feminismo y tampoco estoy interesado en el tema como tal, pero sí puedo aportar una opinión de lo que percibo en mi entorno. Además es mi página.

Admiro la belleza de la mujer desde niño y siempre las he percibido de alguna manera misteriosas e indescrifrables. El trato respetuoso y las cortesías son una obligación.

En mi entorno jamás percibí desigualdad o temas producto del machismo. Me enteré del feminismo como tal gracias a la influencia de los medios y las redes sociales, donde los discusiones están a la orden del día.

He tenido jefas en algunos trabajos y sin novedades: emiten órdenes, exigen resultados, etc. En lo general, a nadie le importa que sean mujeres, nos importa el resultado y el ingreso.

Una excepción es el caso de una exjefa, con quien tuve un desacuerdo que terminó en demanda laboral de mi parte en el año 2006. Teníamos un acuerdo de trabajo por 1 año en su estación de radio, pero un día se enojó y decidió despedirme. Todos sabían de su explosividad e insensatez.

«Luisa, teníamos un trato», le dije al teléfono. «Sí, pero te quedaste sin trabajo. Ya me dijo mi abogado que no puedes hacer nada». A lo que respondí: «Ah…pues deja le comento al mío».

En Conciliación y Arbitraje, cuando ella se acercó a dar su declaración, exclamó: «Para que vean que las mujeres también podemos.» ¿Podemos qué? Me enojó más el comentario que la misma demanda, la cual gané por supuesto. ¿Creía que era un tema de hombres contra mujeres? ¿En serio?

A la fecha sigo creyendo que ella es estúpida. Si fuera hombre, seguiría creyendo que es un estúpido. Importan los hechos, no su fisonomía, apariencia o preferencia sexual.

Por una paga y toma de decisiones igualitaria.

En la locución comercial hombres y mujeres ganamos igual: importa la versión y los medios en que se difunde la misma, así como los períodos de uso. En radio, cine o televisión, unos ganan más que otros, pero eso depende de su atractivo con las audiencias, su potencial de venta o de relaciones públicas.

He escuchado que la paga en ciertos sectores no es igualitaria, y si en verdad es así, son cosas que deben ser corregidas de inmediato: importan la capacidad y los resultados, no el sexo de la persona.

El activismo político en favor de la igualdad entre hombres y mujeres ha sido positivo por incentivar el interés de todos en la toma de decisiones en la sociedad, ¿pero pesa más la decisión de una mujer que la de un hombre?

En términos generales no, pero en temas muy específicos sí. Un ejemplo es el aborto, que despierta debates y polémica pero que es fundamental discutirlo por ser un tema de salud pública.

Siempre ha existido el feminismo.

El feminismo ha existido siempre, pugnando por los derechos de las mujeres de una u otra forma. Hoy los mensajes se han radicalizado y es normal, sobre todo si existe una agenda de alcance internacional que financia e impulsa causas.

De los derechos laborales o al voto pasamos a su inclusión en esferas de poder y toma de decisiones. Eso incluye las tomadas sobre su propio cuerpo. ¿Quiénes deben decidir sobre el aborto? Las mujeres. Los hombres la tenemos fácil: en la relación son ellas las que cargan con los riesgos de un embarazo.

Desde el gobierno deben existir las leyes que garanticen ese derecho a decidir. Criminalizar el aborto es una insensatez. Ninguna mujer embarazada producto de una violación debe cargar con eso porque así lo quiso Dios. Y no faltará quien sugiera que, además, debe darle las gracias.

Intolerable el abuso y violencia contra las mujeres. Si mi hija, novia o esposa fuese víctima de una violación, no me gustaría ver al culpable tras las rejas: querría bailar sobre su cadáver.

Por eso un Poder Judicial no actúa basado en sentimientos y vigila las leyes y su aplicación, así como procesos o procedimientos. Si se juzgara a partir de la palabra, muchos inocentes serían objeto de venganza o desquite. También por parte de mujeres.

El feminismo no es la competencia de la mujer en contra los hombres, es en pos de su propio desarrollo. Y tienen derecho a ser madres (con o sin familia) y a decidir a qué le dan atención y cómo.

Sería genial que existieran guarderías o servicios maternos en los centros de trabajo, tanto en fábricas, maquiladoras, grandes oficinas, etc., pero nadie puede decidir con respecto a la inversión que hagan las empresas hacia sus empleados: Cumplen con lo que la ley les indica y punto. Si se puede incentivar el home office, qué mejor, la pandemia demostró que es perfectamente posible.

Manifestaciones y obsesiones.

Si feministas deciden manifestarse en un performance en el que tocan tambores, gritan consignas y muestran las tetas al aire, bien. Si reniegan de estereotipos de belleza y adoptan otros para verse libremente feas, bien. Siempre llaman la atención (para bien o para mal).

Nunca he entendido lo de visibilizar la menstruación libre (?). Una vez leí algo así como que «les da más asco ver esa sangre que la de los asesinados». Y no, me provocan repulsión ambas, una por higiene y otra por seguridad de la sociedad. Las campañas publicitarias de toallas y tampones, además del obvio interés comercial, han eliminado más tabúes al respecto.

Se pueden vestir como quieran y les dé la gana, excepto si hay códigos de vestimenta que deben ser respetados, sea en el ambiente laboral o social.

El debate en las redes sociales nunca terminará. A veces hay pláticas sensatas, pero también ideas francamente idiotas, entre las que señalo el llamado lenguaje inclusivo. 

El uso de una x o una e no visibiliza nada más que una necedad: el argumento o la idea, por muy buena que sea, se infantiliza. Se puede mejorar el mensaje para no hacerlo sexista, pero sin estropear el lenguaje.

Riesgos de los feminismos.

Susana Gamba, en su escrito titulado Feminismo: historia y corrientes, plantea los riesgos por los que atraviesan los feminismos:

  • Desdibujamiento de propuestas colectivas articuladas desde las sociedades civiles y ausencia de canales de diálogo que ubiquen al feminismo como sujeto de interlocución válido.
  • “Cooptación” de técnicas y expertas por parte de los gobiernos y organismos internacionales.
  • Fragmentación de miradas, luchas internas y desarticulación de propuestas.
  • Posturas demasiado radicalizadas e inviables que se alejan de los movimientos populares.

Se trata de elevar el nivel de comunicación con inteligencia, no de segmentar aún más. Ser directos es lo mejor, sobre todo con nosotros los hombres necios que acusamos sin razón

No leemos entre líneas ni captamos indirectas: si no les gustan esas cortesías machistas como abrir la puerta o ceder el paso, díganlo. No pasa nada.

¿Que somos pésimos en la cama? Vale. Si les interesa estar con ese hombre, ayúdenle a que conozca más la manera en que gozan de su sexualidad. No pasa nada.

Feminismo constructivo: mujeres y hombres en equilibrio.

Libertades y desarrollo.

La mujer puede destacar en una disciplina deportiva (o cualquiera) y al mismo tiempo decidir quitarse la ropa para lucir su cuerpo en una revista. Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

Las mujeres que aprovechan su sexualidad, como Yanet García, están en su derecho. Y si alguien quiere seguir los pasos de Sasha Grey y alternar con 16 sementales en películas porno, adelante. Lo que no puede ser es que sean obligadas a ello: la trata o explotación deben ser perseguidas y castigadas severamente.

Los piropos en la calle dejarán de ocurrir cuando exista más educación y esa comienza en casa. La insistencia en ello es determinante.

Los feministos no existen. Los que se autoproclaman así tienen un interés propio velado o les urge un abrazo o simplemente necesitan apoyo psicológico. Una cosa es tener respeto y apoyar las decisiones de la mujer, otra ser partícipe de imbecilidades como “orinar arrodillado en solidaridad” con ellas. Y no, no “estamos embarazados”, no sean imbéciles.

Con polémica o no, lo cierto es que percibo mejoras en la igualdad de derechos. Por eso celebro que en la política se diera una inclusión obligatoria: hay que ir desechando usos y costumbres arcaicas. Los factores no alteran el producto: el desarrollo personal o social siempre dependerá de la educación, la seguridad y la economía.

Pero un alto desarrollo social no implica que no se pierda la objetividad: la corrección política en Suecia o Noruega podría ser su propia perdición. Lo que le enseñen a sus hijos es asunto de ustedes, pero procuren ser objetivos y congruentes.

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