El Asunto

Organismos autónomos peligran: el tuerto quiere ser rey entre los ciegos.

¿Para qué quieren ver si yo les puedo decir lo que hay?

¡Es la última llamada para la transparencia!

8 Ene, 2021
Los organismos autónomos peligran con López Obrador.

Los organismos autónomos son esenciales, pero no convienen a los planes del presidente.

El presidente fabricó su personaje a lo largo de 20 años, agregando al mito de ser un luchador social la idea de que es honesto y transparente. Nunca lo ha sido, de ahí que, una vez más, apunte a la desaparición de organismos autónomos. Le estorban.

Sólo puede concebir la idea de un Estado cuyo poder central permee todos los aspectos del país, con decisiones unilaterales que se acaten sin contrapesos. Pensar en una dictadura no es exagerado por parte de quienes señalaron desde 2006 que es un peligro para México.

Desde el inicio de su gestión lanzó sus dardos contra organismos autónomos porque no entiende la función técnica de los mismos y ve en ellos dispendio, «un gobierno paralelo» que, obviamente, le cuestiona o vigila.

Odia rendir cuentas, por eso simula ese ejercicio en su propaganda matutina en la que pasa de chascarrillos a mentiras e infundios. El lobo con piel de oveja aullando a su manada de solovinos.

Los odiosos organismos que tanto le estorban.

La Comisión Reguladora de Energía (CRE), el Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información y Datos Personles (INAI), la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH)…todos inventos neoliberales.

Que fueron creados para robar, no para beneficiar al pueblo, espeta arteramente desde la impunidad de su púlpito, despreciando el conocimiento de los expertos.

¿Qué va a saber quien nunca jamás en su vida ha ganado un peso fuera del presupuesto, manutención forzada de aliados partidistas libre de impuestos y, por qué no, al margen de la ley?

Fuera de los cargos que desempeñó, jamás explicó de qué vivió entre 2006 y 2018. Que de ventas de sus libros (por encargo) y donativos, dice. Igual que Pío, nos queda claro.

La iniciativa privada sabe de los riesgos en sus inversiones, planea, organiza, procura la mejora de sus resultados y compite. De eso se trata: consolidar, mejorar, tener ganancias. Conforme crecen, implementan auditorías de terceros porque, sí, importan los procesos, los resultados y la transparencia entre socios y accionistas.

Pero al personaje de traje holgado y zapatos sin bolear, de hablar lento y con mala dicción, el que vive en un palacio virreinal, no está interesado en los resultados en sí, sino en la acumulación de poder. En su mente es lo correcto, lo natural.

Como natural fue que el PRI desechara a López Obrador en tiempos de Salinas, por arcaico, así como natural fue que socavara al PRD. Si no es él, no es nadie.

El gusto por la opacidad.

María Elena Pérez-Jaen lo conoce perfectamente. En 2003 asumió como Consejera del primer órgano autónomo garante de la Ley de Transparencia en la capital: el Consejo de Información Pública del Distrito Federal.

Estando ahí, sufrió los embates de López, Encinas y compañía por hacer lo que le correspondía, exigir transparencia en el gasto público, hasta que reformaron la ley para desaparecerlo y destituirla, cosa que lograron en 2006.

Eligieron a cinco comisionados en marzo de ese año, pero no contaban con que María Elena solicitaría un amparo (que le fue concedido). Cuando estaba por resolverse en el Tribunal Colegiado, la Suprema Corte de Justicia ejerció facultad de atracción, decidió resolverlo y lo confirmó.

Ganó en noviembre de 2006 y tuvieron que reinstalarla en el nuevo Instituto de Transparencia del Distrito Federal como comisionada, concluyendo su período en 2009.

Con ese precedente, ya se sabe qué hará a toda costa: destruir todo lo que le sea adverso, haciendo uso de todos los recursos a su disposición, incluyendo falacias, mentiras y bulos si es necesario. El Estado es él.

Los organismos autónomos peligran en la administración de López Obrador.

Última llamada para la transparencia.

Hoy arremete de nuevo, argumentando que la desaparición de organismos autónomos ayudaría a liberar fondos para otros sectores. «Si todo el presupuesto lo consumen los aparatos burocráticos, genera un gobierno mantenido y bueno para nada», sentencia el bueno para la propaganda.

Asegura que fueron creados para «simular» que se combatía la corrupción, insinuando que algunas dependencias de gobierno podrían atraer sus funciones: el embudo de la centralización inoperante que se ha exhibido en todos los temas, sobre todo en salud.

¿Expertos? No los tiene, pero sí a leales que lo acompañaron en sus andares de candidato y con eso le basta. ¿Para qué la ciencia o los tecnicismos si la palabra del presidente es suficiente?

Siendo año de elecciones legislativas, tiene prisa por acotar los contrapesos que estorban a su proyecto narcisista que, si ha destacado en algo, es en destruir todo lo que toca. Por eso en 2021 nos toca dar a los ciudadanos otros resultados en las urnas. Es la última llamada para la transparencia.

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