Hoy en día

Predicar con el ejemplo, excepto si eres predicador de cuarta.

¡Claro! ¿O a poco creen que la demagogia pone buenos ejemplos?

3 Ene, 2021
Se debe predicar con el ejemplo, ¿verdad?

Lo saben los jefes o líderes: hay que predicar con el ejemplo.

Desde la infancia hemos escuchado el refrán, porque es cierto: predicar con el ejemplo es la expresión adecuada para indicar que los actos han de acomodarse a aquello que se dice o recomienda a otros.

Días atrás se vio a Hugo López-Gatell abordando un vuelo de Aeroméxico con destino a Huatulco. Las críticas se centraron en que no traía cubrebocas, aunque probablemente sí lo traía al cuello, pues hablaba por teléfono. 

La Agencia de Naciones Unidas para la Aviación Civil (OACI) definió nuevas reglas sanitarias para subirse a un avión, entre las que, obviamente, destaca el uso obligatorio de cubrebocas, además del control de temperatura o la desinfección de superficies.

En su página web, Aeroméxico presenta un video en el que detalla estas disposiciones obligatorias.

El subsecretario de salud debería predicar con el ejemplo.

¿A qué fue López-Gatell a Huatulco? A tomar unos días de descanso, como cualquier funcionario o trabajador tiene derecho a hacerlo. Además ellos son diferentes y sí merecen descanso, no como Murillo Karam y su «ya me cansé». ¿Cómo se le ocurre?

En Twitter no tardaron en circular fotos de Hugo con su novia, disfrutando de la playa en una palapa. ¿Y a quién no le gusta la playa? Sol, arena y mar, una piña colada, un cóctel de camarones o aguachile. ¿Hacerlo en compañía de tu novia? Pero qué gozada, ¡la vida es bella!

De no ser porque estamos en pleno repunte de muertes y contagios por COVID19, seguramente la pasaría mejor, más tranquilo. Y es que las presiones inherentes a su cargo son cosa seria, ya le hemos visto algo demacrado y con evidente tensión. 

Pero hay que entenderle, porque cualquiera necesita unos días para alejarse de las obligaciones, del riguroso traje y corbata, ni qué decir de las fastidiosas conferencias en las que una caterva de reporteros cuestionan de mala gana todo. Si el escenario catastófico de 65,000 muertes fue duplicado en enero de 2021, no es cosa suya.

La culpa es de ustedes, mexicanos obesos que comen Gansitos e ignoran todas las recomendaciones del personal de salud. No se toman en serio ni el uso de un maldito cubrebocas y andan como si nada. ¡Que no son vacaciones, carajo! Ojalá lo entienda la gente, que miren que es terca e ingrata. 

¿A poco ustedes no tienen vacuna? Lástima.

Ese 90% de saturación hospitalaria todavía aguanta, además ya casi llegan los Santos Reyes y ni modo de que los niños no reciban sus juguetes. Vale la pena que esos abnegados padres se arriesguen para ir al tianguis y conseguir una bici o la Barbie doctora.

¿Cuántos médicos, enfermeras o personal de salud podrían o querrían tomarse unos días de vacaciones en pandemia? Es más, ¡ver a sus propios familiares en su casa! Pero no, ni hablar: es que hay niveles y López-Gatell sí puede.

¿Que dijo qué cosa Hugo? ¡Ah, es cierto! Lo de Reporte Índigo: «Viene un periodo que se considera de vacaciones. No hay vacaciones porque estamos en una situación extraordinaria, donde podemos lograr que se reduzcan los contagios.» 

Y eso no es todo, dijo más: «Pero hoy nos podemos quedar en casa hasta el 30 de abril. Sólo salir de casa para los elementos verdaderamente indispensables, como conseguir alimentos, conseguir medicamentos, asistir a una persona en situación de necesidad grave. Fuera de eso no hay que salir de casa».

Y el remate me conmueve al punto de las lágrimas. Este subsecretario es un poeta, carajo: «No son vacaciones. Especialmente no viaje. Quédese en la localidad, en el pueblo, en la ciudad, en la metrópoli donde vive. Si usted no lo hace, entonces se va a dispersar el virus y nos va a pasar lo que le ocurrió a Italia: vamos a tener el virus circulando por todo el país».

Hay que predicar con el ejemplo.

Lucía (@embolicat), tuvo a bien hacer una fina observación de la playa Zipolite, llamada igual que el pueblo, en donde se supone que estaba López-Gatell.

Existen muchas versiones sobre el origen de su nombre, aunque en zapoteco significa «playa de los muertos». La leyenda dice que los zapotecas enterraban ahí a sus muertos, llevándolos desde decenas e incluso cientos de kilómetros de distancia. ¿No es un bello homenaje a los que ya no están?

Porque, oigan, la vida es una delicia y se debe disfrutar plenamente, más cuando se es funcionario de alta responsabilidad y ha sido vacunado (ojalá su novia también, hay que aprovechar la palanca). Los demás, esperen, no impacienten, ¿qué no ven que están trabajando en su beneficio?

La cuarta va, predicando con todos sus ejemplos de estupidez, mezquindad e hijoputez. Pero va.

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